Es lógico que un artista genial sobresalga en su vida debido a su estro y se convierta luego en un personaje famoso, pero a condición que la sociedad que lo rodea lo acepte y le ofrezca las oportunidades para triunfar. La historia cita muchos grandes músicos cuyo genio fue reconocido en el curso de sus vidas y sus obras perduraron en el tiempo, pero también muestra lo efímero que pueden ser el éxito y la popularidad alcanzada, cuando la misma sociedad evoluciona y cambia rápidamente sus gustos y preferencias. En este contexto, Antonio Lucio Vivaldi no fue una excepción, ya que pasó de una gran aceptación a un lamentable olvido que duró más de un siglo.
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LA ÉPOCA |
Venecia,
la "Serenissima", fue, hasta poco antes de nacer Vivaldi, una importante
potencia comercial, naval y también militar. Disponían del "Arsenale",
que era una de las bases navales más grandes del mundo. De allí
salían los barcos de guerra y comerciales que hicieron de Venecia una
grande y sólida potencia, dueña de las rutas marinas y líder
en el comercio internacional, en gran competencia con Genova. Esta poderosa
y rica República fue admirada y respetada por todos los Países
desde el fin del siglo XII.
Sin embargo sobrevinieron
trágicas instancias, originadas por sucesos internos relacionados a luchas
por el poder, sumadas a guerras contra el Papado, contra Francia y contra los
turcos; todos estos factores debilitaron paulatinamente al Estado.
Venecia acababa de perder la isla de Candia (Creta), que era una
base muy importante, vital para su comercio exterior, iniciando, con
esto, el periodo de decadencia. La isla de Candia había sido cedida a
Venecia, en el año 1204, por el Marqués de Monferrato. En el año
1645 fue atacada por los turcos, quienes encontraron una feroz resistencia.
No obstante, Venecia no logró retenerla, pese a la
heroica defensa dirigida por Francesco Morosini, que pereció junto
a millares de venecianos en 1669, luego de 24 años de lucha casi continua.
Esta derrota fue una gran humillación para la “Serenissima”
y produjo, con el tiempo, grandes cambios en su vida.
En efecto, cuando se inició
el periodo de decadencia, se modificaron las relaciones internacionales del
Estado y también el comportamiento de la sociedad veneciana. Sus costumbres,
hasta entonces aferradas a su propia condición de estado líder,
cambiaron por una visión más abierta al mundo, aceptando la discusión
de nuevas ideas y tendencias.
Fue en ese periodo cuando nació y vivió su juventud, Antonio Lucio
Vivaldi.
| EL ARTISTA Y SU OBRA |
Vivaldi
nació el 4 de Marzo de 1678, el mismo día en que un fuerte temblor
estremeció la ciudad de Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista
Vivaldi y Camilla Calicchio. Fue el primogénito de la pareja, que luego
tuvo cinco hijos más.
Su padre, de clase media, era de profesión peluquero, pero actuaba como violinista en la Iglesia de San Marcos, gozando de gran prestigio por su habilidad como solista tanto que, cuando su hijo Antonio cumplió siete años, dejó la peluquería para dedicarse por entero al violín. También fue el primer maestro de Antonio, y pudo apreciar bien pronto sus grandes y continuos progresos. Ya a los 13 años, el hijo podía reemplazar al padre en la orquesta de San Marcos cuando éste tenía que faltar para tocar en algún concierto. Evidentemente el joven, de cabellos intensamente rojos, había heredado el arte de la música, a diferencia de todos sus hermanos menores.
Las ocupaciones del joven Antonio en la Iglesia de San Marcos, como violinista, le dieron oportunidades para relacionarse con distintas autoridades religiosas, naciendo en él la vocación hacia el sacerdocio. Fue así que el 18 de setiembre de 1693 (tenía poco más de quince años), aceptó la tonsura del círculo en los cabellos de la coronilla (de acuerdo con las costumbres religiosas de la época), como primer paso hacia la carrera sacerdotal, que coronó diez años más tarde, el 23 marzo de 1703.
Ya sacerdote, trabajó
como asistente en distintas iglesias de la ciudad y obtuvo también algo
muy importante para su carrera de artista: fue nombrado profesor de violín
en el Seminario Musical del Hospedaje de “la Pietá”, bajo
el maestro del coro, Francesco Gasparini. Su salud no era perfecta, ya que sufría
una enfermedad, nunca claramente definida, que lo dificultaba para ejercer
plenamente
el sacerdocio, así que fue dispensado, por las autoridades eclesiásticas,
de recitar misas, dedicándose entonces de lleno a su profesión
de músico.
La “Pietá” había sido fundada algunos siglos antes y era el más importante de los cuatro orfelinatos que, en esa época, existían en Venecia. Los orfelinatos eran instituciones creadas para hacer frente al grave problema de los niños sin hogar y también a los que eran abandonados al nacer. En aquellos tiempos, era común dejar los niños no queridos en espacios asignados (generalmente eran canastas apoyadas sobre un pilar) en iglesias y conventos de monjas, para que ellas los criaran. Al inicio, los orfelinatos eran solamente refugios, pero con el tiempo se designaron maestros para que dieran a los niños una concreta educación para enfrentar la vida. Ya en tiempos de Vivaldi, la enseñanza de la música era considerada muy importante.
En la “Pietá” alojaban solamente niñas, y se dividían en dos categorías: una de ellas se denominaba "figlie del coro" (hijas del coro), mientras la otra se llamaba "figlie del comune" (hijas de la comunidad). Las primeras recibían, adicionalmente, una enseñanza musical realmente de excepción, con el propósito de formar orquestas y coros para exhibición pública, cosa que se logró magníficamente y que representó un gran orgullo para la ciudad. Además representaba un buen ingreso de dinero para la manutención de los orfelinatos, que ya eran muy costosos. Aquí se menciona solamente la “Pietá”, pero también existían otros orfelinatos que hacían lo mismo, aunque no eran tan famosos.
La
tarea que desarrolló el cura Vivaldi en la “Pietá”
fue realmente maravillosa. Su condición de cura y de violinista era la
más apropiada para él y se dedicó al trabajo con pasión
durante muchos años de su vida.
Tuvo la suerte de encontrar, en las niñas, un material humano de gran
valor, que supo amoldar y enseñar a su gusto, hasta formar excelentes
solistas en distintos instrumentos.
Compuso música y dirigió la orquesta del orfelinato con el aporte
de esas solistas, cosa que representó una primera y gran innovación
en los conciertos de entonces.
Es posible afirmar que Vivaldi se creó a sí mismo como compositor
ya en los primeros años de ese periodo afortunado, donde su estro encontró
todo lo que precisaba, desde una gran motivación personal hasta la oportunidad
única de disponer todo tipo de instrumentos y también concertistas
de excelente valor individual. Los conciertos que ofreció en La “Pietá”
fueron célebres; no había turista que llegara a Venecia sin que
concurriera a escucharlos. Vivaldi, denominado entonces "il prete rosso"
(el cura colorado), ya comenzaba a ser famoso en Venecia y también en
Europa. Ese apodo se debía a su rebelde cabellera de color rojo.
En el año 1705, Vivaldi comenzó a publicar música en Venecia (doce sonatas op. 1), iniciando también la composición del "Estro Armónico". En 1709 publicó una serie de sonatas para violín (op.2) y, a partir de entonces, su actividad como compositor fue intensísima y continua hasta sus últimos días. Esto está avalado por sus 540 composiciones orquestales, de las cuales se cuentan 73 sonatas de dos y tres instrumentos; sus 465 conciertos, de los cuales 210 cuentan con solistas de violín y violonchelo; y sus 43 óperas líricas conocidas (además de las que se perdieron con el tiempo).
Vivaldi
no vivió siempre en Venecia. Su actividad en La “Pietá”
fue dejada y retomada por lo menos tres veces. Viajó a Mantua, donde
vivió durante el periodo comprendido entre los años 1719 y 1722,
ocupando el cargo de Director Musical de la Corte; luego estuvo en Roma para
presentar alguna de sus óperas y tocar como solista de violín
en presencia del Papa.
También viajó al extranjero, especialmente a Alemania y Holanda, en calidad de violinista, de director de orquesta y de empresario de sus propias obras. Contrataba cantantes y músicos, dirigía los ensayos, comerciaba con los instrumentos y controlaba los ingresos de dinero. Tuvo también algunos problemas con algunas de las cantantes contratadas, especialmente con la francesa Anna Giraud, que luego lo acompañó, con su hermana Paulina, ayudándolo en su trabajo y cuidando de su salud. En Amsterdam, un editor imprimió muchísimas de sus composiciones. Su actividad era realmente extraordinaria y su fama se extendió por toda Europa: ya era famoso. En 1725 se anunciaban, en esa ciudad, doce conciertos con el título de "Armonía e Innovación". Los cuatro primeros eran nada menos que Las Cuatro Estaciones.
Entre 1725 y 1735, Vivaldi estrenó once de sus óperas en Venecia, retomando luego el cargo de Maestro de Conciertos en la “Pietá”. A partir de entonces, los tiempos sufrieron un lento pero inexorable cambio. Su música se siguió tocando, pero en sitios cada vez menos importantes, recibiendo además la expresa prohibición de presentar sus obras en la ciudad de Ferrara, por la firme oposición del Cardenal Fusco, de esa ciudad, que tenía un mal concepto personal del artista. Esto afectó su prestigio y, en consecuencia, le fue difícil conseguir jugosos contratos, reduciendo de tal manera sus ingresos de dinero, de los cuales dependía cada vez más por su enfermedad.
Vivaldi comenzó a
vender sus composiciones cuando dejó su posición en la “Pietá”,
decidiendo además trasladarse a Austria. En ese país contaba con
los favores del Emperador Carlos VI, y sus esperanzas de continuar su obra eran
grandes. Sin embargo, en el mes de octubre de 1740, falleció el Emperador,
y Vivaldi se quedó sin ayuda alguna. Estaba solo, enfermo, muy desilusionado
y casi sin dinero; no tenía voluntad ni fuerza para intentar un viaje
a otras ciudades, donde contaba con amigos. Su enfermedad y su estado anímico
lo vencieron, falleciendo en Viena, el 28 de julio de 1741, huésped en
un hospital de pobres. Fue sepultado en el cementerio del mismo hospital, hoy
desaparecido (En ese lugar pasa una autopista).
COMENTARIOS
Son necesarias algunas reflexiones, luego de recordar la vida de Antonio Vivaldi y su maravillosa música. Para comenzar, se deben considerar las innovaciones que el artista introdujo en el arte musical. Fue el primer compositor que utilizó la forma del "ritornello", o sea, la repetición de una misma melodía en una composición, pudiendo variar la tonalidad de la misma. Esto se transformó luego en un modelo. Vivaldi fue quien puso de moda la música barroca (#1), y sus conciertos fueron un modelo de este tipo en toda Europa. Sus composiciones eran, a los oídos, de una extraordinaria brillantez, buscando la evolución de las formas mediante la introducción de solistas en contraposición al "tutto" (conjunto). Su música fue particularmente innovadora, añadiendo distintos contrastes armónicos e inventando también temas y melodías novedosas. Fundamentalmente, el talento de Vivaldi consistía en componer una música no académica, que pudiera ser apreciada por el gran público y no solamente por una minoría de especialistas. De allí provino su éxito popular, especialmente con las melodías dedicadas al carnaval.
Vivaldi fue muy admirado por grandes compositores. Cabe señalar, por ejemplo, a Juan Sebastian Bach (1685 - 1750), que fue intensamente influenciado por las formas de sus conciertos, a tal punto que transcribió numerosos de ellos: uno para solista de piano, seis adaptados al clavicémbalo, uno para cuatro clavicémbalos, dos para órgano y otros para orquesta, entre los cuales se encuentra el famoso concierto para cuatro violines, viola, violonchelo y arcos (RV 580). No hay que olvidar tampoco a Franz J. Haidn (1732-1809) y especialmente a Ludwig van Beethoven (1770-1827), que compuso su novena sinfonía (Coral), introduciendo los solistas, como caso único en su historia.
También se debe mencionar
la relegación paulatina de casi toda la obra de Antonio Vivaldi, en sus
últimos tiempos y luego de su muerte. Lo único que perduró
fue la op. 8 "Las Cuatro Estaciones", mientras que todo lo demás
pasó lentamente al olvido. Sus composiciones ya no eran tenidas en gran
consideración ni siquiera en Venecia, al principio. El cambio de gusto
musical ponía todo rápidamente fuera de moda. Sus obras escritas
comenzaban a catalogarse, casi a escondidas, en muchas bibliotecas, adquiridas
a precio de liquidación por la sociedad acomodada, cuando el mismo Vivaldi
las ofrecía para reunir el dinero que necesitaba. Cierta cantidad de
ellas fue a parar en el Colegio San Carlos de Monferrato, que la vendió
a la Librería Nacional de Turín recién en el año
1927, cuando el gran compositor apenas comenzaba a ser redescubierto. A partir
de entonces, se inició la búsqueda de sus obras, que fueron apareciendo
cada vez más rápidamente por mano de varios interesados, que las
buscaban en casi todas las bibliotecas europeas. En el año1939, Alfredo
Casella (compositor y director italiano, profesor del Conservatorio de París;
fundó la Sociedad Nacional de Música) organizó la Primera
Semana de Vivaldi, evento que es recordado como histórico porque, a partir
de esa fecha, la música de Antonio Vivaldi ocupó el lugar que
se merecía, con pleno éxito.
La historia de los 4 caballos de San Marcos
La historia de los cuatro caballos de bronce expuestos en la terracita sobre la entrada a la Catedral de Venecia, dio siempre mucho de que hablar respecto a su origen. Sin embargo y con absoluta certeza, se conoce lo siguiente por documentación histórica:
El
Estado Veneciano participó, en el año 1202, en la cuarta cruzada
y, al terminarla en 1204, conquistó Constantinopla (el 12 de Abril de
ese año). En esa época el Doge de Venecia era el anciano Enrique
Dándolo, que falleció poco después. Como botín de
guerra, los venecianos se llevaron los cuatro caballos de bronce, colocándolos
primeramente en la Plaza San Marco, sobre pedestales construidos al efecto.
En tiempos posteriores fueron expuestos en la terracita abierta sobre la fachada
de la Catedral de San Marco, y allí quedaron hasta el 1798. En ese año,
Napoleón Bonaparte conquistó el territorio veneciano y se llevó
los caballos a París. Solamente cuando el imperio napoleónico
fue vencido (en 1815), la firme acción diplomática de Venecia
logró que se devolvieran los ya famosísimos caballos.
Sin embargo, la historia no termina aquí. Durante la primera guerra mundial
(años 1915-1918) los venecianos llevaron los caballos al Vaticano en
Roma, para preservarlos contra cualquier otro inconveniente. Solamente fueron
reinstalados en San Marco en el año 1919, a guerra terminada. Últimamente
(hace escaso tiempo), los caballos fueron resguardados en un lugar reservado
de la Catedral por motivos de contaminación.
A este punto, queda pendiente
el primitivo origen de estos magníficos caballos. A ese respecto, eruditos
de arte antigua afirman que los mismos son de factura griega, perteneciente
al período clásico de las Artes en tiempo de su apogeo (época
de Fidias, 498/432 antes de Cristo.
Dando crédito a esta evaluación, es posible aventurar los siguientes
acontecimientos:
Los Romanos, entre los años 190 al 119 a.c, luego de largas guerras contra
Grecia, la conquistaron y se llevaron numerosas obras de arte inclusive los
caballos como trofeos, colocando éstos en el Circo Máximo para
simbolizar las carreras de cuadrigas que, en aquel entonces, era un deporte
muy aceptado por la sociedad y se efectuaban en ese lugar (noticia histórica).
Luego, en el año 324 de nuestra era, el imperio romano se dividió
en dos: el occidental y el oriental. En aquel acontecimiento, el emperador romano
Constantino (el Grande) decidió trasladar la capital del imperio oriental
en la ciudad de Bizancio (en latín Bizantium). Desde entonces, la misma
ciudad cambió de nombre y se llamó Constantinopla (la ciudad de
Constantino). La nueva sede del gobierno romano de Oriente fue agrandada y embellecida,
creándose además un gran hipódromo con una capacidad excepcional
de espectadores (los historiadores hablan de cien mil). Para adornar este gran
hipódromo, Constantino se llevó desde Roma los ya famosos 4 caballos
de bronce que representaban las cuadrigas de carreras y los colocó sobre
el edificio que dominaba la pista; y desde allí se los llevó la
flota veneciana cuando ocupó esa Ciudad.
REFERENCIAS:
(#1) Música barroca: Tiene manifestaciones musicales muy variadas, típicas por sus contrastes y sonoridad. Fue de gran éxito desde el año 1600 hasta la mitad del siglo siguiente. Se diferencia de la clásica por no seguir sus tradicionales principios de estructura y equilibrio en todas sus partes. Puede utilizar en la orquesta instrumentos no tradicionales, se introducen solistas instrumentales y vocales, incentivando el virtuosismo individual, con la posible utilización del coro. El Concerto Grosso pertenece a la familia de la Música Barroca. Se trata de una composición orquestal que contiene partes ejecutadas por un pequeño grupo de instrumentos. Estas partes se denominan "concertino". También suelen actuar solistas.
Adolfo Ruspini