LEONARDO DA VINCI (3)

Fin de su estadía en Milán

La actividad de Leonardo, desde 1488 en adelante, se hizo cada vez más intensa, por los numerosos requerimientos que recibía del Duque Ludovico Sforza que, cada vez, lo ponía frente a nuevas responsabilidades. Primero fue el tema del monumento ecuestre en honor de su padre (Francesco Sforza), que el mismo Leonardo le había ofrecido apenas entrado a su servicio y que, por fin, había recibido la orden de realizarlo cuanto antes. Al mismo tiempo, el Duque le había solicitado que estudiara la manera de pintar una pared para el Monasterio de Santa María delle Grazie por que, tiempo atrás, había prometido a esos monjes hacerle prestar este servicio. Además, confió a Leonardo que había decidido encontrar una esposa para su sobrino Gian Galeazzo Sforza y, por eso, quería un proyecto para festejar tan importante acontecimiento y construir, además, un alojamiento permanente en el Castillo para la nueva pareja. Todos estos trabajos testimonian el gran concepto que el Duque tenía del artista, pero demandaron a Leonardo un gran esfuerzo para cumplirlos, ya que también tenía que atender las actividades programadas con Ambrogio de Predis.
Todo era urgente, pero Leonardo necesitaba tiempo, ya que sus proyectos siempre fueron muy meticulosos debido a su perfeccionismo. De todas maneras, comenzó a trabajar intensamente, dividiendo su tiempo para que todo avanzara al mismo ritmo. En virtud de esta circunstancia, y para ordenar este relato, decidimos separar en tres temas las últimas tareas realizadas por Leonardo en Milán, con el objeto de lograr una mayor claridad en describir cada uno de ellas. Luego, la caída de los Sforza alejó el artista de la ciudad.

1) Leonardo y los matrimonios de los Sforza

En febrero de 1489, Ludovico Sforza decidió que su sobrino Gian Galeazzo, que acababa de cumplir 20 años, contrajera matrimonio con Isabel de Aragona, una mujer napolitana de gran belleza, nieta de Fernando l de Aragona, rey de Nápoles. El joven Galeazzo, al casarse, debería haber tomado la conducción del Ducado de Milán, ya que era el heredero legítimo del fallecido Galeazzo María Sforza, hermano del "Moro", pero el poder nunca lo consiguió, quedando el mismo firmemente en manos de su tío.
También, en 1491, el propio Ludovico Sforza "el Moro" se casó a su vez con Beatriz d’Este, hija del Duque de Ferrara y de Eleonora de Aragona: por lo tanto Beatriz era prima, por vía materna, de la esposa de Gian Galeazzo Sforza.

Leonardo estuvo a cargo, en ambos matrimonios, de las magníficas decoraciones del castillo. Decoró salones, especialmente el que se llamó “la Sala delle Asse”; dibujó los trajes de los participantes, los adornos y creó un nuevo ceremonial, tanto para los cortejos nupciales hacia y desde la Catedral como para los almuerzos de los invitados y las fiestas que siguieron, que duraron días en ambos casos. Hasta dibujó y construyó juegos mecánicos que sorprendieron a todos los presentes. Tanto agradaron al Duque los festejos que concedió a Leonardo, ya desde el casamiento del sobrino (en 1489), vivir permanentemente en la “Corte Vecchia” del propio castillo, donde le proporcionó un espacioso estudio y una habitación en la torre. De esta manera Leonardo se mudó, dejando la casa de Ambrogio de Predis para siempre. También consiguió autorización para tener tres ayudantes, a los cuales trataba como discípulos, uno de los cuales, llamado “Salai” le dio luego muchos problemas personales.

Beatriz d’Este, esposa de Ludovico Sforza, era una mujer culta y llena de alegría, muy relacionada, amante tanto de las artes como de los grandes festejos y bailes de corte, así que Leonardo tuvo que desempeñarse como maestro de Ceremonia en un sinnúmero de oportunidades, inventando nuevas distracciones y también representaciones artísticas. Este periodo fue el más brillante que vivió el castillo en muchos años, y se apagó lentamente cuando Beatriz tuvo un hijo (Maximiliano). Comenzaron entonces las preocupaciones para asegurar la continuidad de la dinastía del "Moro" frente a las frecuentes acusaciones que Ludovico Sforza recibía como usurpador del Ducado de Milán, especialmente de parte de la corte de Francia, del Papa Alejandro Vl y de la corte de Aragona,

Además, Beatriz se cansó de las numerosas amantes del Duque, como también de su mala política y de su ambición, cuyas consecuencias originaron las situaciones comprometidas que estaban padeciendo. Siempre reprochó al “Moro” el destierro a Pavía de su prima con su joven esposo Gian Galeazzo en 1492, a los tres años de haberse casado. Gian Galeazzo, Duque legítimo, falleció luego dudosamente en esa ciudad (1494). Beatriz decidió retirarse de los festejos de palacio y falleció de enfermedad repentina a los 22 años, en 1497.

También, hubo otro matrimonio en casa Sforza, siguiendo la continua búsqueda de alianzas, cada vez nás necesarias para el "Moro". En 1493, Blanca María Sforza (1472 – 1510), hermana de Gian Galeazzo Sforza, sobrino del Duque (su usurpador), contrajo matrimonio con Maximiliano l de Habsburgo (1489 -1519), Archiduque de Austria. En 1508, el mismo fue proclamado por el Papa Julio ll, Emperador del "Sacro Romano Impero". Leonardo organizó también los festejos en el castillo para este importante matrimonio.

NOTA: Durante este período, se agudizaron los trasfondos políticos que se iniciaron con el casamiento de Gian Galeazzo Sforza y que terminaron con la caída del Ducado de Milán. Todo este proceso, complementario para el presente relato, es detallado AQUÍ

2) Leonardo y el monumento ecuestre para Francisco Sforza

Cuando Leonardo se encontraba todavía en Florencia pintando el cuadro “La Adoración de los Magos” para el Monasterio de San Donato en Scopeto, ya manifestaba un gran interés para los caballos de esa obra. Los frailes protestaban muy a menudo por los largos tiempo empleados en los estudios anatómicos de equinos y en realizar muchísimos dibujos, en búsqueda de las máximas expresiones de movimiento.

Llegado a Milán, al servicio de Ludovico Sforza, ofreció al mismo la ejecución de un monumento ecuestre en honor de su padre, Francisco Sforza, porque conocía la intención del Duque para realizar esa obra, ya que la misma no se pudo concretar antes de la muerte de su progenitor. Pero solamente cuando Leonardo supo conquistar la confianza de Ludovico el “Moro”, logró que éste le encargara la construcción de ese importante monumento. Esto ocurrió en la época del casamiento de Gian Galeazzo Sforza, a principio de 1489, causando a Leonardo una enorme satisfacción.

La imaginación del artista voló enseguida muy alto: Leonardo no quería cualquier caballo, sino uno con las patas delanteras en el aire, encabritado y con una expresión desafiante. Pero, evidentemente, no es lo mismo pintar un caballo en esa posición que presentarlo en una estatua ecuestre. Para ello necesitaba, principalmente, darle estabilidad: cosa imposibles con solamente dos patas apoyadas sobre el piso. La búsqueda de un segundo punto de apoyo, para que la estatua quedara en armonía con su proyecto, llevó a que Leonardo perdiera un año entero (hasta principio de 1490), impacientando al Duque, que quería apurar la ejecución de la obra. A este punto, Leonardo abandonó la idea del caballo encabritado y decidió hacer un gran caballo en movimiento. Comenzó a construir en arcilla su nuevo modelo de equino, con proporciones anatómicas perfectas, y lo terminó a fines de 1492. Lo pudo lucir luego en el patio de la corte en ocasión del casamiento de Bianca María Sforza con Maximiliano l de Habsburgo, bajo un arco de triunfo.

Pero los problemas para la estatua de Leonardo llegaron poco después, causados por la ausencia del bronce necesario para fundir el caballo terminado. Esa era una época llena de acontecimientos políticos-militares, y Ludovico Sforza tuvo que ayudar al Duque de Ferrara, su cuñado, que necesitaba hacer cañones para su defensa. Por ese motivo le vendió el bronce que tenía para el monumento. Tiempo después, el mismo Ludovico necesitó todo el bronce disponible, ya que veía su situación muy comprometida. Por la ausencia del metal, el caballo quedó mucho tiempo a las intemperies y comenzó el inevitable desgaste, causado principalmente por las lluvias. Leonardo trataba de recomponerlo periódicamente, pero el trabajo era cada vez más difícil.

Una versión afirma que Leonardo, para mantener con más tranquilidad el buen estado del caballo , lo hizo transportar en un viñedo que poseía cerca de la puerta Vercelina, (era un regalo del Duque. Este terreno fue vendido por un tal Melzi, que luego lo heredó a la muerte del artista). Cuando ocurrió la caída de Ludovico Sforza, los primeros soldados franceses entraron sin resistencias en Milán (el 6 de Setiembre), y lo hicieron justamente por la Puerta Vercelina, ubicada ente la Puerta Ticinese y el mismo castillo. El gran caballo tuvo su fin en ese lugar, ya que los arqueros invasores, al ver el gran caballo (era visible por su tamaño), se entretuvieron probando sus armas. Seguramente Luis Xll, de haber entrado con ellos, no hubiera permitido ese destrozo, amante como era del arte y de lo bello. Desgraciadamente, el Rey francés entró en Milán el 18 Octubre 1499 por la puerta Ticinese, y el caballo ya estaba destrozado.

Con la destrucción del caballo, Leonardo sufrió una de las decepciones más grandes de su vida.

3) Leonardo y "LA ÚLTIMA CENA"

La iglesia de Santa María de las Gracias estaba ubicada cerca del Castillo. La tarea de Leonardo, por deseo del Duque, era pintar una pared en el refectorio de los monjes, y éstos eligieron la que estaba frente a la entrada del mismo. El artista sugirió pintar la última cena, por ser el tema más apropiado en del lugar donde comían los monjes, idea que fue aceptada por todos con entusiasmo.
Leonardo, sin embargo, quería alejarse del concepto clásicos adoptados por otros pintores que dibujaron el mismo tema, dedicado a la eucaristía, donde Jesús consagraba el pan y el vino antes de ofrecerlos a sus apóstoles.
Lo que deseaba Leonardo era dibujar el momento dramático que se creó cuando Jesús pronunció las famosas palabras: ”Uno de Ustedes me ha traicionado”.

Como siempre lo hacía, Leonardo estudió minuciosamente la composición de la pintura utilizando largos tiempos, tanto que Ludovico Sforza lo emplazó, en 1496, para que terminara la obra. A partir de entonces, el propio duque y también su esposa, concurrían frecuentemente al refectorio para seguir los avances de la pintura. Esto condujo a que toda Milán esperara ansiosamente poder ver la pared terminada, ya que la fama de Leonardo, desde “la Virgen de las Rocas”, se había difundido por doquier.

El esquema de la obra era el siguiente: Jesús ocupaba el centro de la mesa, mientras los 12 apóstoles estaban divididos en cuatro grupos de a tres, dos de ellos a su derecha y dos a su izquierda.

La expresión de cada apóstol era el reflejo de su sentir frente a la acusación lanzada por Jesús, y ésta fue la gran innovación que Leonardo quiso dar a su pintura. Para dibujar las caras, Leonardo prefirió retratarlas directamente desde personas reales y, para esto, recorrió las calles de la ciudad en busca de las que retenía más adecuadas para la supuesta personalidad de cada apóstol. Una versión dice que Leonardo se retrató a si mismo en la figura de Jacobo el menor (Grupo 1, segundo desde izquierda).

En los tiempos actuales, en su libro “el código da Vinci”, el escritor Dan Brown creó suposiciones arbitrarias sobre esta pintura, interpretando a su criterio las posiciones de Jesús y la de Juan (que indicó como Magdalena), la falta del cáliz, etcétera, diciendo que Leonardo quiso dar un mensaje oculto a su obra. De nuestra parte, rechazamos total y absolutamente las interpretaciones de Dan Brown y, en el capítulo "La Última Cena", detallaremos nuestra opinión al respecto.

La Última cena quedó terminada a mediado de 1497, Las últimas caras pintada por el artista fueron la de Jesús y la de Judas. A continuación Leonardo firmó un contrato con el Duque para terminar las decoraciones faltantes de la obra, que fue, desde siempre. una de las más importantes del mundo. Vista desde la entrada, la pintura aparecía como una extensión del propio refectorio.
Lamentablemente, la pintura comenzó tempranamente a desdibujarse debido a la humedad, a pesar de que el artista preparó previamente el fondo y utilizó una mezcla de barniz y aceite, que fue absorbida por la pared en forma aparentemente estable. Hubo muchos retoques para restaurar la obra, pero la misma perdió cada ves más su brillantez y algunos delalles perdieron su nitidez.

Adolfo Ruspini