GIOACCHINO ROSSINI

EL GENIO DE LA ÓPERA BUFA

Gioacchino Rossini fue contemporáneo de Giuseppe Verdi. Ambos vivieron en la misma época durante 55 años, pero las presentaciones de sus óperas no fueron coincidentes en el tiempo. Efectivamente, la última de Rossini, Guillermo Tell, fue presentada en el año 1829, mientas la primera de Verdi (Oberto) se estrenó en el 1839, o sea, diez años después. Esta falta de coincidencias en el tiempo se debió al hecho que Rossini dejó de componer óperas apenas a los 37 años de edad, cuando Verdi recién comenzaba su vida artística. El motivo de la referencia a Verdi se debe al propósito de resaltar la gran diferencia que hubo entre ambos compositores contemporáneos en cuanto a su forma de vida, al estilo personal y al género de sus óperas. Por ejemplo, Verdi prefirió los temas dramáticos, que provenían tanto de hechos históricos como de obras publicadas por grandes escritores y dramaturgos, mientras que Rossini se dedicó principalmente a la ópera alegre y bufa, musicando libretos de comedias, casi todas sin trascendencia que tuvieron, sin embargo, gran aceptación en el público por la música melódica y chispeante que acompañaba la escena. En efecto, la sociedad de entonces, tan colmada de preocupaciones por las luchas políticas y sociales, era sumamente receptiva a estas representaciones, y las recibían con gran interés. Las óperas de Rossini repartían alegría, con finales donde triunfaban los sentimientos y la bondad, dando al público sensaciones agradables acrecentadas, además, por una maravillosa música que llenaba los sentidos y generaba emoción.

El mismo Stendhal (1783-1842), célebre escritor francés contemporáneo de Rossini, encantado con el compositor, decía de él, relatando su vida: “El Maestro Rossini, al que respeto infinitamente, es un gran señor que, a parte de ser envidiado por todos, sacó el primer premio en la lotería de la naturaleza, ganando un nombre imperecedero, el genio y también la felicidad”.

Por supuesto, Rossini compuso, además, óperas de las consideradas “serias”, como por ejemplo, Tancredi, Otello, Mosé, y otras, hasta Guillermo Tell, presentada en París en 1829 con extraordinario éxito, casi triunfal.

Su gran labor regaló al mundo nada menos que 39 óperas, todas ellas compuestas hasta los 37 años de edad. Al comienzo, su actividad fue estresante (solamente en 1812, a los 20 años, compuso seis óperas). Rossini falleció a los 76 años en Passy, una localidad cercana a París, sin dedicarse a las óperas en sus últimos 39 años de vida. Este hecho no deja de ser curioso, y vale la pena analizar su vida para tratar de entender los profundos motivos de este cambio de actitud. Es obvio que Rossini siguió creando, de tiempo en tiempo, otras composiciones, como ya veremos, que también fueron célebres.

Es interesante recordar que la presentación de óperas bufas comenzó con el compositor italiano Pietro Alessamdro Guglielmi (1728-1804). En aquel entonces éstas tenían el nombre de “Comedias con Música”. Guglielmi fue muy productivo, presentando muchísima de ellas, como “Il Filosofo Burlato, La Ricca Locandiera, I Capricci di una Vedova, La Moglie Imperiosa, etcétera”. Sin embargo fue Rossini el que, después de Giovanni Paisiello (1740-1816), logró llevar la ópera bufa a su más alto reconocimiento internacional, no obstante ciertas críticas recibidas de sus detractores, referidas principalmente a la repetición de los mismos “motivos” melódicos en algunas de sus óperas y al no absoluto respeto de las reglas básicas de la “armonía” en sus composiciones.

En efecto, la armonía tiene, mediante sus reglas, el fin de lograr la perfección en los acordes orquestales que los cantantes deben respetar con sus tonalidades, siendo fundamental que ambos (orquesta y cantantes), actúen armónicamente como conjunto ejecutante. Los grandes maestros, como por ejemplo Haydn y Mozart, fueron irreprochables en la aplicación de estos principios, mientras que Rossini no lo fue siempre, pero a sabiendas. A pesar de admirar muchísimo a Mozart (lo manifestó constantemente hasta el fin de su vida), Rossini supo encontrar, con un aprovechamiento magistral, aquellos acordes ligeramente disonantes que no herían el oído y eran además muy apropiados en sus óperas bufas. Esto fue una novedad en aquellos tiempos, que le permitió un mayor éxito pero también algunas críticas de los “puristas”.

Como otro punto de interés cabe recordar la forma, o costumbre, que se utilizaba en aquel tiempo para representar este tipo de óperas. Haciendo una descripción escueta, la secuencia de la operación era la siguiente:

Había empresarios teatrales que reunían cantantes de todos los valores y tonalidades. Estos empresarios compraban libretos de comedias y, de común acuerdo con un determinado teatro, elegían una de ellas para representar. Seguidamente buscaban y elegían a un compositor libre, cuya popularidad dependía del presupuesto que manejaban, para que musicara esa comedia. El compositor, una vez arreglada la parte comercial, llegaba y analizaba a los cantantes disponibles, para poder sacar el máximo provecho de las características de cada uno de ellos. Luego, de acuerdo con los tiempos pactados en el contrato previo, componía las melodías para adaptarlas al libreto, teniendo a veces pocas semanas a disposición. Lo principal era cumplir con las exigencias financieras de todas las partes.

Los comienzos de Rossini, hasta su afirmación, fueron como se ha descrito, con el agregado de una enorme virtud personal del Maestro, cuya genialidad supo CREAR HERMOSÍSIMAS MELODÍAS CON UNA FRECUENCIA TAN INCREÍBLE COMO INAGOTABLE. Su maravilloso estro lo llevó a una popularidad siempre creciente, tanto que en pocos años alcanzó fama internacional.

NOTA: En aquellos tiempos la música todavía no estaba catalogada oficialmente. La Casa Ricordi de Milán fue una de las primeras en hacerlo. Fundada en 1808 por Giovanni Ricordi, publicó su primer catálogo en 1814) y, mientras tanto, hubo diversos problemas legales por supuestos plagios. Escasas veces tuvieron éxito.

Adolfo Ruspini

 Continúa en: "Una familia de Músicos"

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