LA PREVENCIÓN DE LA PIEL
La piel
humana está formada por dos capas:
la exterior, llamada Epidermis, es la que está directamente en
contacto con el ambiente externo, siendo también la que podemos
observar a simple vista.
la interior, llamada Dermis, perfectamente integrada a la primera, es
la que está en contacto directo con todas las partes periféricas
de nuestro organismo.
Ambas pueden ser afectadas, tanto por el ambiente en el cual vivimos,
como por enfermedades que se hayan declarado en nuestro cuerpo. Por
ese motivo, la piel constituye un elemento muy importante en el esquema
general de prevención y es necesario revisarla convenientemente
porque nos puede proporcionar una temprana alarma respecto a cualquier
situación anómala que puede afectar nuestra salud.
Como primera
medida, deberíamos evitar que nuestra piel sea dañada
por el ambiente en el cual vivimos. Para ello, es necesario tomar en
cuenta lo siguiente:
Las radiaciones solares (ultravioletas) recibidas en forma desmedida,
inducen daño en la piel, no sólo produciendo lesiones
que pueden trasformarse luego en cancerosas, sino también porque
producen un envejecimiento prematuro de la misma.
El uso de pantallas solares o cualquier otro método de protección,
por ejemplo: ropa, sombreros, etc., disminuyen el daño solar.
Las personas que presentan mayores riesgos son aquellas de piel blanca,
ojos claros y cabello rubio. Las mismas tienen tendencia a quemarse
más fácilmente, con dificultad para broncearse. En estos
casos, se debe tener el máximo cuidado en las medidas de protección.
,
Para determinar el tipo de acción protectiva a utilizar, es necesario
conocer la historia familiar de cáncer de piel, la residencia
habitual en zonas calurosas y la necesidad de una exposición
prolongada al sol, tanto como la presencia de numerosos nevos (verrugas
blandas).
Los niños no deben estar expuestos en forma directa al sol antes
del 6to. mes. A partir del mismo, no deberán exponerse en horas
pico (11 a 15 hs). Se recomienda el uso de sombreros, remeras, sombrillas
o pantallas solares convenientemente aplicadas.
Las radiaciones recibidas en las primeras décadas de la vida
son las responsable de la posibilidad del desarrollo del cáncer
de piel en la adultez.
Las radiaciones recibidas son acumulativas durante toda la vida y, con
el tiempo, aumenta la probabilidad de posibles daños.
En los días nublados los rayos solares pasan en alto porcentaje.
El uso de camas solares produce daños similares a los ocasionados
por el sol.
La piel
puede además ser afectada por malas costumbres adquiridas en
el curso de la vida, las cuales son también parte del ambiente
humano.
Efectivamente, y siguiendo con este concepto, el aspecto de la piel
puede evidenciar una habitual alimentación incorrecta. A este
propósito, recordamos que una buena alimentación es rica
en frutas, verduras y proteínas y con un alto consumo de agua.
Esto hace que la piel esté hidratada y con nutrientes, con la
certeza de retardar su envejecimiento. Por el contrario el consumo abundante
de grasas, gaseosas, productos con preservantes o embutidos, el cigarrillo
y el licor, abonan terreno para el desgaste de la piel, y hace que la
misma lo denuncie con una larga serie de anormalidades visibles a una
simple revisación.
También
muchas enfermedades genéticas u adquiridas en el curso de la
vida, pueden afectar la piel, generando cualquier tipo de alteración
en ella.
Es entonces evidente la necesidad de verificar la condición de
la piel utilizando, como primera medida, la revisación primaria,
basada el la simple y atenta observación de la misma, tarea que
debe tener una constante continuidad.
Para eso, aprenda a conocer su piel mirando su cuerpo y ayudándose
con un espejo para examinar bien su espalda.
No descuide su cuero cabelludo, sepárelo con un peine para poder
evaluar cada zona del mismo. Así usted sabrá cuales son
sus lunares y si alguno de ellos han sufrido cambios (color, tamaño,
forma, sangrado, prurito, irritación) y/o existen lesiones nuevas
u otras que no curan. En estos casos consulte rápidamente a su
dermatólogo.
Concluyendo:
su objetivo es el tratamiento inmediato de cualquier alteración
de la piel, incluyendo el descubrimiento de nuevas lesiones en ella,
actuando en consecuencia. Reducirá así la posibilidad
de una evolución hacia un cáncer, sea el mismo cutáneo
o de otra índole interna (por ejemplo prevenir cáncer
de mama, con la aparición de pequeños bultos). En muchísimos
casos se logra la curación.
Fuente:
Hospital de Oncología Maria Curie