TIERRA DEL FUEGO

EXPLORACIONES REALIZADAS EN 1882
POR LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA ITALIANA

Tanto la Patagonia como Tierra del Fuego, no necesitan presentación, sin embargo creemos interesante recordar algo de su historia, a partir de las primeras expediciones del hombre blanco en el extremo sur del continente americano, que fuera descubierto por el navegante portugués Fernando de Magallanes en el año 1520. Efectivamente, Tierra del Fuego fue bautizada por dicho navegante luego de haber observado las numerosas y perennes hogueras que mantenían encendidas los indígenas que habitaban aquella región.

Las primeras exploraciones fueron llevadas a cabo por los ingleses, desde Charles Darwin hasta la fundación de una misión anglicana guiada por el R.P. Waite Hockin Sterling (año 1869). En esa época se pudieron identificar diversos grupos étnicos formados por indígenas reunidos en diversas tribus, de las que hablaremos a continuación.

En efecto, poseemos valiosa información sobre estos grupos, a través del explorador italiano Giacomo Bove, cuya expedición dejó numerosos escritos (publicados en la colección de Boletines de la Sociedad Geográfica Italiana que conservamos en nuestra Biblioteca) que describen la vida y las costumbres de estos pueblos salvajes. Figuran, entre otros, los apuntes personales del Subteniente de Navío G. Roncagli (miembro de la expedición Bove), quien efectuó en 1882, con diversos naturalistas, un viaje a caballo desde Punta Arena hasta Santa Cruz. Fue realmente un viaje lleno de aventuras y así lo describió en sus escritos, día tras día. Todo este material informativo forma parte de la historia de aquellas regiones y fue narrada justamente por quienes vivieron parte de ella.

Debido a esto, y en homenaje a Giacomo Bove, resumimos su vida. Nació en Maranzana, a pocos kilómetros de Alessandria, en el año 1852. Toda la zona cercana a Alessandria (nombre adoptado en homenaje al Papa Alejandro III quien reinaba en San Pedro en esa época) fue fundada por la Lega Lombarda en el año 1168 con el fin de enfrentar a Federico Barbarroja y el nombre de Alessandria fue adoptado en homenaje al Papa Alejandro III quien reinaba en San Pedro en esa época.

Con el grado de Teniente de la Marina Italiana, Bove formó parte de la expedición sueca Nordenskjöld, que descubrió el famoso pasaje de N-E y alcanzó el Océano Pacífico a través de los glaciares árticos. Posteriormente se dedicó a los viajes de exploración por encargo de la Sociedad Geográfica Italiana. Guió dos expediciones en la Patagonia y en Tierra del Fuego en los años 1881 y 1882 y otra, en el Archipiélago de Magallanes en los años 1883 y 1884. Murió trágicamente en Verona en 1887. Bove, antes de su muerte, promovió en Milán una suscripción para realizar una gran expedición antártica, apoyado también por el célebre profesor Giovanni Schiaparelli. El deceso de Bove interrumpió, lamentablemente, esta importante iniciativa.

Volviendo al tema de los grupos étnicos de la región austral, transcribimos aquí las informaciones que nos ha dejado la expedición italiana comandada por Bove, la cual estaba formada por eminentes científicos y naturalistas.

Los nombres de las tribus, citados en los documentos en nuestro poder, están subrayados. Junto a los mismos hemos agregado otros nombres con los que fueron identificadas o conocidas las mismas tribus. Las diferencias, en algunos casos, se deben a otras influencias idiomáticas, sin embargo los expedicionarios de Bove aseguran que trataron de respetar la pronunciación de los indígenas. Con respecto a los nombres de los lugares, islas, penínsulas, canales, y demás, utilizaremos aquellos que fueron impuestos por los colonizadores ingleses que han precedido la expedición italiana. Los nombres de las principales tribus son los siguientes:

ALUCULUF - ALACULUF - ALAKWOOLIP
ONA - ONAS - SELKNAM
YAHGAN - JAGAN - YARCAN - YAMANAS
HAUSH - MANEKENKN
TEHUELCHES

Los confines de los territorios en los que vivían estos grupos, estaban fijados, más que por ellos mismos, por la naturaleza. Los Yahganes, pacíficos y dóciles, permanecían siempre en las islas cerca de los canales, debido a que se transportaban en canoas. Verdaderamente eran grandes e intrépidos remeros y hay indicios, dejados por el misionero británico Robert Whait (establecido en la misión inglesa en el año 1876), de su presencia en las costas de las islas Malvinas. Los Yaganes vivían no solamente en las costas de la islas del canal de Beagle, sino también en muchas más islas al oeste de la isla Gable y también a oriente de la misma. Además ocupaban las cercanías de los canales adyacentes a la isla de Cabo de Hornos. Esta tribu era nómade y el mar era para ellos la única fuente de sustento.

En cambio, los Onas o Selknam no se adaptaron a la vida marítima. No navegaban. Eran expertos cazadores aunque también pescaban. Vivían desde el estrecho de Magallanes hasta la cordillera, al oeste de Tierra del Fuego. Sus territorios generalmente tenían playas desoladas y totalmente expuestas al mar abierto, lo que les vedaba el uso de canoas; también tenían pocos árboles no aptos para proveer los elementos necesarios para la construcción de embarcaciones. Esta tribu no era mansa como los Yahganes, por lo contrario, eran irritables y reaccionaban violentamente cuando se los provocaba. Eran muy resistentes a la fatiga y al frío. No cultivaban la tierra pero trabajaban colectivamente en todo aquello que servía a su comunidad: preparación de alimentos, fabricación de armas (arcos, flechas, lanzas, cuchillos y otros instrumentos cortantes utilizados para los trabajos domésticos). Conocían las “boleadoras” [#1], si bien no las preferían en la caza de animales salvajes como el “guanaco”, para ello usaban con gran pericia, arcos y flechas. Desde pequeños, los jóvenes practicaban con arcos construidos especialmente para ellos. Efectivamente la expedición Bove pudo rescatar algunos que medían menos de 80 cm de largo. Habitaban en cabañas muy simples, construidas con palos de madera y cueros cocidos, provenientes de los animales cazados. La tribu se desplazaba con frecuencia, principalmente siguiendo su fuente de alimento (las manadas vagantes de guanacos) [#2].

Los Aluculuf, por su parte, se extendían desde la isla de Stewart y la península de Brecknock hasta Tres Montes, ocupando todas las islas del canal de Bárbara. Eran pescadores y cazadores, y encontraban su elemento de subsistencia al oeste de los territorios de Tierra del Fuego. Esta tribu indígena era bastante parecida a la de los Onas (Selknam), aunque también usaban canoas, sin ser grandes remeros como los Yahganes. Diferían también en la lengua, debido a que hablaban en forma muy gutural con un vocabulario propio. Los grupos familiares vivían en forma independiente pero, como los Onas, desarrollaban los trabajos para la subsistencia común en forma colectiva.

En cuanto a la tribu de los Haush (Manekenk) no tenemos muchas noticias. Por lo que sabemos, figuraron entre los primeros habitantes de esas regiones, pero fueron desplazados hacia el norte por la llegada de los Onas. Esta tribu fue una de las primeras en desaparecer de Tierra del Fuego.

Deseamos referirnos ahora a una muy importante comunidad indígena, conocida como los Tehuelches. Efectivamente, los datos que dejó el Teniente Roncagli, luego de haber recorrido su territorio y de haber convivido algún tiempo con ellos, son significativos. Los Tehuelches habitaban los interminables desiertos de la Patagonia austral y fueron un mito por largo tiempo. Eran individuos muy altos, con una estatura masculina de 1,80 m. promedio, lo cual les daba un aspecto colosal. Se destacaban también por la dimensión de sus miembros, sobre todo de la cabeza, que parecía aún más voluminosa por la abundancia de sus cabellos. Las extremidades superiores e inferiores estaban más desarrolladas en longitud que en volumen, es decir, tenían brazos y piernas largas y delgadas. Este pueblo pasaba la mayor parte del tiempo a caballo, para cazar, defenderse o trasladarse; ya desde niños los hacían montar y, desde ese momento, el caballo era su compañero por toda la vida. Como armas, para cazar y defenderse, usaban la “boleadora”, cuyo uso comenzaba desde pequeños. También usaban arcos y flechas, pero no eran sus armas preferidas. Poseían tres tipos de “boleadoras”, las de dos bolas (de piedra o metálicas) que usaban para cazar ñandúes, la de tres bolas para cazar “guanacos” y, finalmente, la que llamaban “la bola” que era una cinta con una sola bola. Esta última era un arma muy contundente y servía durante las grandes cacerías para rematar la presa sin perder tiempo en recoger las boleadoras ya lanzadas. También usaban con gran maestría el “lazo”. La caza era su único medio de subsistencia. Cuando organizaban una cacería, partían en gran número y, descubierta la presa, se lanzaban desplegándose en forma circular, para impedir la fuga de los animales. Entonces, a golpes de “boleadoras”, hacían estragos en la manada que habían rodeado. Esta es una de las imágenes más viva de su vida salvaje, donde exhibían su extraordinaria habilidad como jinetes y cazadores.

Sonia Massarino

Referencias:

[#1]
= Boleadora: Instrumento o arma utilizada por los indígenas patagones para cazar animales. Está formada por una larga cinta de cuero en cuyas extremidades se encuentran atadas unas pesadas pelotas de piedra. El cazador las agita en el aire con un movimiento circular, arrojándolas luego, con mucha pericia, en dirección de los animales. La cinta se enrosca violentamente en el cuello o patas del animal y lo hace caer al piso.

[#2] = Guanaco: Animal mamífero rumiante de la familia de los camélidos.