UNA MUESTRA DE LOS TESOROS IMPERIALES
RUSOS

BREVE HISTORIA DE LOS HUEVOS PASCUALES

A partir del medioevo y, continuando en épocas posteriores, se expandió en Europa la tradición social de intercambiarse, entre familiares, amigos y conocidos, huevos decorados durante los periodos de Pascua, en signo de paz y amistad. El origen de esta costumbre se debe a que el huevo fue siempre considerado como un símbolo positivo, signo de nacimientos, de apertura a la vida y de buenos presagios. Los intercambios comenzaron utilizando huevos duros pintados con brillantes colores (también las familias decoraban sus casas y hasta sus comidas con ellos). Pero el avance del tiempo, sumado al poderío económico de ciertas clases sociales y al estro de algunos maestros orfebres, impulsó la producción de huevos utilizando plata, oro, piedras preciosas, marfil, porcelana y otros materiales de gran valor, para ser utilizados como importantes obsequios en el curso de las Pascuas. Generalmente estos huevos podían abrirse en dos mitades, tanto manualmente como a través de ingeniosos mecanismos, mostrando así el contenido escondido en su interior, el cual siempre originaba distintas sensaciones: sorpresas con significaciones personales, votivas o simplemente produciendo asombro, estupor u alegría. Como ejemplo, recordamos que el primer huevo artístico lo recibió Francisco I Rey de Francia (1494-1547) en los primeros años del 1500, que, una vez abierto, mostraba en su parte interior una pintura miniaturizada de la pasión de Cristo. La tradición de obsequiar huevos en los periodos de Pascua llegó masivamente hasta nuestros días pero, para elaborarlos, hoy se utiliza generalmente chocolate y sus tamaños son muy variable: de pequeños a muy grandes. Además, en las épocas actuales, los huevos de orfebrería han prácticamente desaparecido.

Alfonso Triboulet