EL DUOMO DE MILÁN
La idea de construir
una gran catedral en la ciudad de Milán nació, en
el
año 1385, del Duque Gian Galeazzo Visconti,
hombre de mucha ambición y deseoso de dar a la ciudad un monumento religioso
digno de su importancia. Su gran aliado fue el Arzobispo de Milán, Antonio
Saluzzo. A continuación, también el pueblo se expresó
a favor de esa iniciativa, colaborando financieramente para llevarla a término.
El año siguiente (1386), luego de haber solicitado las opiniones de muchos
arquitectos, y en manera especial las de Simón
de Arsenigo, el Duque y el Arzobispo tomaron
importantes decisiones para poner en marcha este gran proyecto. Como principio,
aprobaron la construcción de un templo de cinco naves,
sostenido por grandes columnas, coro y ábside.
La primera decisión fue definir el lugar donde se levantaría la nueva catedral y, para eso, se eligió el sitio ocupado por la iglesia de Santa María Mayor, en modo tal de incluir ese templo en la nueva construcción. Sin embargo, por el gran tamaño que se daría a la misma, se previó la demolición de la antigua basílica de Santa Tecla y unos pequeños negocios de los alrededores. La nueva catedral se dedicaría a Santa María Nasciente.
La
segunda se refirió al abastecimiento del material necesario para la construcción.
El Duque, a ese respecto, decidió donar el mármol de la cava de
Candoglia, ubicada en la provincia de Novara,
en la comuna de Mergozzo (en aquellos tiempos estas
localidades
pertenecían al Ducado de Milán). Este mármol, ya utilizado
por los romanos para construir los arcos de "Porta Ticinese" y "Porta
Nuova", es de una calidad excelente, de un color que varía entre
el blanco cándido y el rosado; tiene además una gran resistencia
a la intemperie y una estructura muy compacta. El Duque también donó
los gastos de transporte para llevar el material hasta Milán.
La tercera decisión, relacionada al estilo que se daría a la nueva catedral, fue realmente interesante: se eligió el gótico. Este estilo nació en Francia, y en Italia nunca había sido aplicado hasta entonces, por lo tanto esa decisión fue absolutamente innovadora, tal vez para crear una espectacularidad distinta, con nuevas formas arquitectónicas, aprovechando la tendencia del gótico a privilegiar el desarrollo vertical sobre el horizontal. En efecto, el lanzamiento hacia arriba es característico en todas las curvaturas, rindiéndolas agudas, como en las arcadas y en los ventanales. A partir de entonces, el estilo gótico se introdujo en Italia.
Resueltas
todas estas cuestiones, comenzaron los trabajos, siguiendo el proyecto básico
delineado, se supone, por Simón de Arsenigo. Se colocó la primera
piedra, sobre la cual fue incisa la fecha: "ANNO
1386". Además, y seguramente para evitar problemas, tanto
en la coordinación de las distintas tareas como en otros aspectos organizativos,
el Duque Gian Galeazzo Visconti tomó
otra
muy importante decisión que fue básica para el futuro, ya que
permitió continuar con los trabajos durante cinco siglos, hasta la terminación
de la obra: creó una institución que llamó "Venerable
fábrica del Duomo", a la cual confirió el privilegio
de utilizar gratuitamente y en perpetuidad,
el mármol de Candoglia y también el serizzo (especie de roca granítica
que se encuentra en grandes bloques). De esta manera, el Duque legalizó
la donación que había hecho.
La Fábrica del Duomo se hizo entonces responsable de todas las actividades
operativas necesarias: extracción del mármol y serizzo, transporte,
construcciones, decoraciones, mantenimiento, etcétera, incluyendo proyectos
y diseños. Esta Fábrica sigue operando hoy, y lo seguirá
haciendo en el futuro, asegurando el perpetuo mantenimiento del Duomo.
La
construcción del Duomo duró, como se ha dicho, cinco siglos, y
el tiempo fue tan extenso por distintos motivos, no solamente por la lejanía
de los materiales a traer, cosa que, en la época medieval, era bastante
dificultoso (y también en las épocas siguientes, hasta la era
moderna). En efecto, en los primeros tiempos, los bloques de mármol hacían
este camino: viajaban primero en el río Toce
(desemboca en el Lago Mayor), que pasa cerca de la cava, y a
continuación en el mismo Lago Mayor, luego
en el río Ticino, y por último en
el canal del Naviglio hasta Milán (Porta
Ticinese), siendo transportado luego en grandes carros hasta el lugar de trabajo.
Pero, otros fueron los motivos de la lentitud en la ejecución de la obra,
como los numerosos cambios en la dirección, las muchas veces que se intentó
modificar el proyecto original, las guerras, la ocupación de la ciudad
de Milán por parte de tropas extranjeras (por algunos siglos), las grandes
carestías padecidas, y las muchas desgracias acontecidas, como el contagio
de la peste (dos veces). Pero, a pesar de todo esto, siempre las tareas fueron
reiniciadas luego de cada interrupción forzada. Además, nunca
se retrocedió en la magnitud del proyecto, sino, por lo contrario, éste
se amplió con el aporte de muchas mentes brillantes. La tenacidad, triunfó.
La
dirección técnica de la construcción cambió muchísimas
veces. Comenzada, como dicho, por Simón de Arsenigo, pasó a Nicoló
Bonaventura, luego, sucesivamente, a una infinidad de arquitectos, como Juan
de Friburgo, Joaquín de Grassi, Enrique de Gmünden, Marco da Corona,
Juan Solaro, Pellegrino Pellegrini, etcétera. No debe olvidarse a Filarete
ni al mismo Leonardo da Vinci, que se interesaron por los trabajos que se estaban
realizando en la construcción del Duomo, ofreciendo distintas opiniones
y consejos. También los Arzobispos de Milán han dado una gran
contribución a los trabajos, como por ejemplo
Arnolfo, en el año 1093. Otros, han aconsejado modificaciones
sobre distintos particulares, que fueron aceptadas, como por ejemplo las sugerencias
hechas por el cardenal Carlos Borromeo, Arzobispo
de Milán desde 1565 hasta 1584, con respecto a detalles del coro y del
ábside. Borromeo consagró el Duomo en el año 1572. Este
Cardenal, luego santificado, merece un
recuerdo
muy especial por la abnegada ayuda brindada al pueblo en los tristes momentos
de la carestía y de la peste (la de 1576). También su sobrino,
Federico Borromeo,
Arzobispo de Milán desde 1595, dio grandes contribuciones a la continuación
de los trabajos en momentos harto difíciles.
El Duomo tiene muchísimas ornamentaciones floridas, inspiradas en la naturaleza y con influencia renacentista. Las podemos admirar hoy en cualquier detalle de la construcción, especialmente en las agujas y en la fachada (ver las ilustraciones de la página). El proyecto original de la fachada fue de Pellegrino Pellegrini (llamado Tibaldi), pero fue modificado algunas veces. Se recuerda también el interés del mismo Napoleón Bonaparte, cuando ocupó Milán, por un proyecto de fachada hecho por Amati. De todas maneras, la construcción de la fachada se concretó entre 1805 y 1813. Fue terminada en 1814, con una superficie de 4.500 metros cuadrados, embellecida por centenares de estatuas. La aguja mayor, en cambio, fue construida entre los años 1765 al 1769, y la "Madonnina", estatua de la Virgen en cobre laminada en oro, hecha por el escultor milanés José Bini, fue colocada en 1774. La construcción del Duomo fue completada en el año 1887.
Vale
la pena recordar algunos números para apreciar la grandeza de la obra
realizada. Para los fundamentos, fueron utilizados más de 1000 metros
cúbicos de serizzo, mientras que, para la construcción
del templo, fueron necesarios casi 600.000 grandes bloques de mármol.
El Duomo ocupa una superficie de casi 12.000 metros cuadrados; tiene una profundidad
de 156 metros y, en su parte más ancha, mide 93 metros. Posee 135 agujas
y el total de estatuas es de alrededor de 4.000. La aguja más alta, con
la estatua de la Virgen, mide 108 metros. El acceso a la catedral se efectúa
por cinco grandes puertas de bronce, desde la Plaza del Duomo.
En
el curso de la última guerra, terminada en 1945, la Catedral sufrió
numerosos daños por los bombardeos ingleses, que fueron arreglados por
la Fábrica del Duomo. Fueron reemplazadas varias agujas y se cambió
el piso.
En 1953, se abrió en el Duomo un museo público, que fue enriquecido
en 1977. A su vez, la "Venerable Fábrica del Duomo" dispone
de un archivo, abierto a todos, en el cual se conserva toda la documentación
relativa a su actividad, desde el año 1386 hasta la fecha. Resulta sumamente
interesante hojear estos papeles, con tantos dibujos, esbozos y minutas de innumerables
reuniones mantenidas en siglos: en todas estas hojas está reflejada también
algo de la historia de la Ciudad, con todas sus penas y sus glorias.
Angelo Bellamio