APUNTES SOBRE PRIMEROS AUXILIOS.
¿Cómo deberíamos
comportarnos si tuviéramos que afrontar un caso de
accidente?
Ante todo, como condición principal, es indispensable mantener la calma
y evitar el pánico. Todo lo que podamos hacer en beneficio del accidentado
es directamente proporcional a nuestra capacidad de operar con la necesaria
sangre fría.
Como primera e inmediata precaución, debemos averiguar que no existan
circunstancias que representen peligros, no solo para el mismo desafortunado
sino, también, para todo aquel que se acerque o entre en contacto con
él, como por ejemplo, cuando hay una posible electrocución o un
caído en el medio de la calle. En estos casos es necesario quitar inmediatamente
la electricidad o interrumpir el tránsito vehicular. Una situación
análoga se presenta, cuando se intenta socorrer a una persona en el agua
ante la factibilidad de ahogamiento. Siempre se debe obrar
de manera tal de no caer en la misma situación del infortunado.
Esta precaución es absolutamente general, para cualquier tipo de circunstancia
que origine el accidente.
Eliminados todos los peligros, en el caso que
existieran, es necesario caracterizar de inmediato el tipo de accidente acaecido,
porque el auxilio al accidentado depende totalmente de los orígenes de
éste. Los casos son múltiples, como por ejemplo sofocación,
envenenamiento, ahogo, electrocución, paro cardiaco, golpes con o sin
hemorragias, y otros.
La primera observación que se debe realizar es aquella de verificar si
el accidentado está consciente y, si no lo está, es necesario
comprobar si respira. Una persona que deja de respirar, moriría si la
respiración no es reestablecida
inmediatamente.
En este caso se debe aplicar enseguida la respiración
artificial, boca a boca, para intentar revertir
la situación.
Cuando el accidentado respira, quien socorre
debe, en primer lugar, avisar o pedir que otros llamen inmediatamente a los
servicios médicos de emergencias y, en la espera de recibir ayuda, establecer
la gravedad del accidente para poder actuar en consecuencia. En todos los casos
debe desbrochar los pantalones o la pollera, liberar el
cuello de cualquier indumentaria que lo ajuste
y, también, desabrochar los zapatos del paciente.
Como principio, no se debe mover al accidentado, a meno que sea evidente la
necesidad de colocarlo en una posición más adecuada para poder
efectuar las operaciones de emergencia que el caso requiera, como por ejemplo
maniobras de reanimación, de paro cardiaco u otras. En cualquier otro
caso, siempre que no se sospechen fracturas, pueden realizarse suaves movimientos
para alinear la cabeza, el cuello y el tórax. Considerando
siempre casos generales, si el accidentado está inconsciente
pero respira, y se observan líquidos en las vías respiratorias
que las puedan obstruir, habrá que evitar que estas secreciones impidan
la respiración del infortunado, colocándolo en la posición
lateral de seguridad, actuando de la siguiente manera:
· Doblar un brazo del paciente apoyándolo sobre el abdomen.
·
Levantar la pierna del mismo lado y doblar la rodilla hasta que el pie apoye
en el suelo.
· Levantar el antebrazo opuesto hasta formar un ángulo de 90 grados.
· Se debe entonces hacer presión sobre la espalda del lado del
brazo que está apoyado sobre el abdomen y sobre la cadera de la pierna
doblada, hasta hacer rotar con mucha precaución el infortunado, prestando
gran atención en no alterar la posición de la cabeza y del cuello
con respecto al cuerpo.
· Por último colocar la mano que estaba apoyada sobre el abdomen,
debajo de la cara.
En esta posición, los líquidos
saldrán de la boca evitando así obstruir las vías respiratorias.
La misma posición es también muy favorable para cualquier otro
infortunado sin conocimiento y que respire, y puede ser adoptada, esperando
la ayuda médica, siempre que no existan sospechas de fracturas.
Algunas notas sobre distintos casos particulares:
Paro cardiaco.
La única posibilidad de supervivencia
es el inmediato auxilio mediante las maniobras de reanimación, colocando
al paciente sobre una superficie rígida y
poniéndole
trapos, u otros apoyos, debajo de la nuca para facilitar la respiración.
El objetivo principal de estas maniobras es el de mantener las funciones vitales
del organismo, sustituyendo la función circulatoria (masaje cardiaco
a través de presiones en el tórax) y la de ventilación
(respiración artificial).
Estas operaciones deben ser ejecutadas en forma continua
(2 respiraciones sucesivas cada 15 presiones en el tórax del paciente,
las cuales deberían tener una frecuencia de 60-70 golpes por minuto).
El masaje cardiaco debe hacerse poniendo las dos manos, una sobre la otra, apoyadas sobre el esternón del infortunado y realizar con las palmas una presión vertical con una profundidad de 4-5 centímetros en cada golpe.
Estas operaciones deben tener una duración, sin detenerse, de por lo menos 30 minutos, con un control continuo sobre las pulsaciones del accidentado, verificando así el éxito del auxilio.
Agostino Ferro